En 2001, diez años después de haber creado la World Wide Web, Tim Berners‑Lee publicó en *Scientific American* un artículo junto a dos colaboradores. Allí presentó el concepto de "Web Semántico", una red diseñada para que software autónomo –llamado agente– pudiera leer, comprender y usar los datos sin intervención humana.

Los *agentes* son programas que actúan de forma independiente, siguiendo instrucciones y tomando decisiones basadas en la información que encuentran. En el contexto del Web Semántico, estos agentes podrían, por ejemplo, buscar productos, organizar citas o resumir noticias sin que el usuario tenga que escribir consultas específicas.

Para que los agentes funcionaran, el contenido de la web debía estar estructurado de manera que las máquinas pudieran interpretarlo. Esto implicaba usar ontologías y vocabularios comunes (como RDF y OWL) que describieran el significado de los datos, no solo su forma visual.

Durante la última década, la idea se quedó en gran parte en proyectos de investigación, pero la aparición de grandes modelos de lenguaje (GPT‑4, Claude, Gemini, etc.) ha renovado el interés. Estos modelos pueden entender texto natural y generar respuestas, lo que los convierte en candidatos ideales para actuar como agentes que navegan la web de forma autónoma.

Hoy hablamos de "Web Agentic": una evolución del Web Semántico donde los agentes de IA utilizan tanto la información estructurada como el contexto generado por los modelos de lenguaje para realizar tareas complejas en nombre del usuario. La combinación de datos abiertos, estándares semánticos y capacidades de IA abre la puerta a aplicaciones como asistentes personales que planifican viajes, bots que gestionan inventarios o sistemas que monitorean la salud pública en tiempo real.

Aunque el proyecto aún está en desarrollo, la tendencia muestra que la visión de Berners‑Lee está tomando forma concreta, marcando una nueva era en la que la web no solo es una fuente de información, sino también un entorno activo que actúa para nosotros.